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Fábulas; son de animales. Nos copiamos y nos enseñan!

. «La zorra y la cigüeña» Cuentan que una zorra invitó a cenar a su vecina la cigüeña. Le sirvió sopa en un plato llano, y la pobre cigüeña no pudo tomar nada con su largo pico. Entonces la cigüeña invitó a comer a la zorra. Le sirvió un delicioso guiso de carne en una vasija alta. —Vecina, así no alcanzo a comer nada —se quejó la zorra. —¿De verdad? Pues entonces disfrutarás de mi cena tanto como yo disfruté de la tuya. Moraleja: No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Esta fábula de Esopo nos enseña a tratar a los demás con respeto y como quisiéramos que nos trataran a nosotros. . «El caballo y el asno» Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día en que iban a la ciudad con los fardos cargados, el asno se sintió muy cansado y pidió ayuda al caballo. Pero el caballo se hizo el sordo y siguieron el camino. Una hora después, el asno se desplomó, sin fuerzas. Entonces el dueño echó toda la carga del asno y al propio asno encima del caballo. —Debí haber ayudado al asno cuando me lo pidió —se lamentó el caballo—. Ahora no tendría que llevar tanto peso… Moraleja: Cuando ayudes a los demás, tu propio bien cosecharás. Esta fábula de Esopo enseña que cuando ayudamos a alguien, nosotros también salimos beneficiados. . «El león y el ratón» Érase una vez un ratón que caminaba, sin saberlo, sobre el lomo de un león. De pronto, una garra atrapó al ratón, con la intención de comérselo. —No me coma, por favor. Le prometo que si alguna vez está en apuros, yo lo ayudaré. —¡Ja, ja, ja! ¿Cómo podrá ayudarme alguien tan pequeño? Pero el león lo dejó marchar por esta vez. Días más tarde, el ratón escuchó unos rugidos cerca de su madriguera. Era el león, que había quedado atrapado en una gran red. Entonces el ratón comenzó a roer la red, hasta hacer un agujero del tamaño del león. Y desde entonces, el pequeño ratón y el enorme león fueron amigos inseparables. Moraleja: Hasta los más grandes necesitan de los pequeños. Esta fábula de Esopo nos enseña a valorar a todos, sin importar su aspecto o las apariencias. . «El ciervo y su reflejo» Había una vez un ciervo que se acercó a un lago para beber. Al ver su reflejo en el agua, dijo: —¡Qué cuernos tan majestuosos! Son impresionantes. Pero ¿estas patas? ¡Qué frágiles y finas en comparación con los cuernos! De pronto, apareció un león dispuesto a comerle. El ciervo corrió y corrió con sus ágiles patas. Casi había despistado al león cuando sus cuernos se enredaron en las ramas de un árbol. Y entonces comprendió que lo que tanto admiraba, su cornamenta, iba a ser su perdición. Moraleja: Valora y aprecia lo que tienes: lo necesitarás cuando menos lo esperes. Esta fábula de Esopo nos enseña a querernos como somos y a valorar lo que tenemos, sin compararnos.

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